Ser, sentir, experimentar, pensar
y, a veces descansar vagando en un mar de incertidumbres.
La pausa llegó. Llegó ese
momento donde no sentir es sentir, donde flotar en la incertidumbre es ser.
Donde respirar y dejar fluir es
lo que la confianza obliga para armar un nuevo mundo.
Vida llena de mundos, bellamente
creados por nuestras emociones, bellamente equilibrados cuando llega la paz a
nuestro interior.
Disfrutar sin culpa ni necesidad,
amar ese momento donde no hay nada más que paz, que amor hacia esta existencia
que jamás deja de deslumbrarte, que está en constante renovación, acto que
realiza con cuidado para siempre sorprender.
Buscar estabilidad con los pies en la tierra pero con el corazón en constante movimiento, y un día tu mente se da cuenta de que estamos todos flotando, todo flota en la nada, porque la nada misma somos.
Buscar estabilidad con los pies en la tierra pero con el corazón en constante movimiento, y un día tu mente se da cuenta de que estamos todos flotando, todo flota en la nada, porque la nada misma somos.
Sentís la nada, te detienes a
respirar lentamente.
Tu mente volvió del infinito y
decidió sentir los pulmones expandirse, corroborar como a cada segundo de su
vida que está viva, que todo el circo de la nada sigue haciendo mover este
motor de la existencia que no tiene nombre, que no tiene consistencia, pero
tiene la fuerza de seguir viviendo, de seguir constante e infinitamente
deviniendo.
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