Entre tantos sentimientos sistemáticos, apareció uno
detonante, uno que hizo explotar una bomba intensa que esperaba latiendo cada
vez más fuerte.
Simplemente, te deja sin palabras, y te ensañas con
encontrarlas para dejar plasmado el éxtasis más grande del universo.
La existencia encuentra su sentido en este instante. Todo se
dota de un brillo interno y parecen estrellas.
Porque ellas están acá y allá, ellas son tus movimientos al
bailar con el ritmo del cielo.
Todo explotó, la estrella fugaz se encendió más fuerte que
nunca, y poco a poco siguió pasando, como moviéndose con la tierra, y se fue
transformando en el delirio más dulce y pacífico que jamás conocieras.
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